Sobrevivir a la familia

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En los cuentos de Vértigo, Joanna Walsh reflexiona sobre la maternidad (ser madre e hija) y la destrucción de la pareja.

Sin ancla. “El vértigo es la sensación de que, si me caigo, no me caeré sobre la tierra, sino sobre el vacío. Me siento sin áncora.” “Vértigo” es uno de los cuentos de Vértigo, de la escritora británica Joanna Walsh. En realidad el cuento habla de unas vacaciones en familia: matrimonio y dos hijos. Hay una visita a unas ruinas (no sabemos dónde, pero sabemos que para volver a casa la familia viaja en avión). A ella le atormenta la idea de que su marido haya cogido una piedra de las ruinas. Eso dispara elucubraciones y pensamientos que le llevan a una puesta en cuestión sobre su vida: “Es cruel esperar de mí que sea madre e hija a la vez, expectativas que difieren demasiado.” Después, en el avión de vuelta a casa, cambia el punto de vista de la narración a una tercera persona, como si ella se viera desde afuera. Juega con la perspectiva, va y viene, todo marcado con cursivas. El cuento termina poco antes de aterrizar: “Y, en la última fase del descenso, el despegue de la idea de que algo malo está sucediendo.”

Todos los cuentos. En una entrevista en Electric Literature, Walsh ha explicado que ha ido escribiendo cuentos a lo largo de los años. Mandó todos sus cuentos a Danielle Dutton, editora de Dorothy, donde apareció originalmente Vértigo, y ella eligió las que tenían “un enfoque hiperreal, se ocupaban de los detalles de las vidas de las mujeres dentro de las familias para Vértigo”. Los cuentos de este volumen componen un retrato de mujeres en situaciones que las abruman: en medio de una separación, descubriendo la infidelidad del marido, asumiendo un rechazo amoroso, adaptándose a la nueva identidad que impone la maternidad o en el pabellón infantil de un hospital. Como ha escrito Heidi Julavits en The New York Times, “sus historias revelan un paisaje psicológico algo perturbado por la soledad, los celos y la alienación. A Walsh le gusta el espacio negativo, el juego de palabras y la repetición”. Walsh indaga en la psicología de sus narradoras, que son el mismo tipo de mujer, casi podría ser la misma, pero lo hace innovando desde la forma, jugando con el lenguaje, el estilo y el tono.

La familia, un desastre natural. Hay dos temas que reaparecen en el volumen: la destrucción de la pareja y la maternidad (ser madre y ser hija). Muchos de los cuentos son una demostración de que la familia es la primera catástrofe a la que se sobrevive, como dijo Christina Rosenvinge, pero no la única: también hay que sobrevivir a la creada por uno mismo. “Madres jóvenes”, por ejemplo, es un relato irónico que habla de la maternidad como un borrado de toda la vida anterior: “Ya en la juventud de nuestra joven maternidad nuestros hijos habían dado a luz nuestra función. Apenas si fuimos conscientes de que habíamos nacido de ellos, desde luego no antes de que nos llamaran ‘la mamá de Connor’ o ‘la mamá de Casey’, pero nunca Juliet, ni Nell ni Amanda.” La exploración de las relaciones familiares se da en dos de los mejores relatos del volumen: “Claustrofobia” y “Ahogo”. “Año nuevo”, “En el otro extremo del mundo”, “Cuento de verano” son exploraciones más allá de lo familiar; “Y después…” es algo así como una lista de deseos para otra vida. “En línea” y “Vagues” pueden leerse como manuales de estrategia para el adulterio.

Botones de muestra. “Un amigo me aconsejó que me comprara un vestido rojo en París porque estoy dejando a mi marido.” “En Saint-Germain, incluso permanecer inmóvil cuesta dinero.” “Aparecer por primera vez es magnífico.” “En cualquier caso, el amor ha de entregarse sin contrapartida. Sin siquiera reacción.” “Soy consciente de que estropeo las cosas principalmente por pura geometría.” “Cuando vivía con ella yo estaba gorda tanto en la adolescencia como al salir de ella. De ese modo, mi madre estaba segura de que no me podría mover.” “¿Acaso no sabes el esfuerzo que he hecho para no ser como tú?” “Nos vemos de cuando en cuando para ver cuánto ha envejecido la otra: eso es la familia.” “Cuando se tiene éxito, la elegancia no es necesaria: el éxito basta por sí mismo. Sin embargo, en el fracaso la elegancia es esencial.” “Todos fumaban o habían fumado, pero ahora todos, además o en vez de eso, hacían yoga. Todos eran más jóvenes que yo, incluso aquellos que eran mayores que yo.” “Estoy bastante entradita en años como para que el bikini me luzca y, a lo largo del tiempo, no he prestado suficiente atención a que el bikini me luciera como para que ahora me luzca el bikini.” “Todas las vacaciones son una pesadilla: ahorras todo el año y ¿qué te encuentras si no la casa de alguien con todos sus trapos sucios familiares?”

Vértigo

Joanna Walsh

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