La literatura como mar incontrolable

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“Todas las personas de este mundo somos una demostración de que preguntarnos por nuestro dolor o por nuestra culpa no nos impide mantenernos vivos ni caminar por la calle ni saludarnos ni sonreírnos”.

El mar indemostrable (La Navaja Suiza, 2020), la primera novela de Ce Santiago, traductor de autores como William Gass o Nicholson Baker, se asienta sobre una base narrativa en apariencia leve, casi indistinguible, que va construyéndose a partir del lenguaje, de la literatura, variando de movimiento y de ritmo como el propio mar que es testigo de las historias.

A partir de cinco capítulos o secciones que crean una cierta linealidad en la narración, Santiago sigue a tres personajes, un hombre, una mujer y un niño, relacionados, de alguna manera, con el mar. Como espacio de trabajo, como paisaje, como estado de ánimo.

“(…) Desde entonces el mar desde la orilla, la misma orilla desde la cual, paradoja entre paradojas, el profano se entrega a la creencia de que, de adentrarse, el mar le lavará todo pecado, cometido o por cometer, todo error y todo terror, venido o por venir; nada más falso(..)”.

El mar indemostrable es una novella que bien podría ser considerada una colección de cinco relatos interconectados si no fuese porque, en realidad, importa poco cómo se categorice la propuesta de Santiago: estamos ante un trabajo experimental en el que destaca, más que aquello que relata, la manera en que utiliza el lenguaje para crear una cierta abstracción narrativa basada en dar forma a unas emociones varadas o a la deriva. Los espacios de la novela poseen la fisicidad que otorgan las descripciones, pero también transmiten una sensación ingrávida, a modo de paisajes emocionales que existen en tanto a que son proyecciones del interior de unos personajes unidos e indisociables entre sí.

“La calma de la rutina, la calidez del rito, no en vano la matriz de la compulsión, pues el sujeto se hace menos sujeto cuanto más determinados son sus objetos, y sin objetos el sujeto se vuelve para sí ahora, presente absoluto, insoportable en tanto sujeto. Tampoco el sujeto puede mirarse de frente, ni siquiera verse sencillamente siendo; es la naturaleza paradójica de la angustia: carece de objeto y sin embargo amplifica hasta lo insufrible las reverberaciones de ser sujeto. El sujeto angustiado es puro ser, y lo cotidiano su antídoto”.

La Navaja Suiza

Santiago experimenta con el lenguaje y la forma literaria a través de diferentes estilos a lo largo de la novela que corresponden, y definen, a cada personaje. El escritor ha manifestado su interés por el llamado posmodernismo literario norteamericano, algo que se hace evidente en El mar indemostrable, aunque sea más un punto de partida, una referencia, con la que buscar una forma específica y determinada para cada momento. De hecho, a lo largo de El mar indemostrable Santiago incluye unas series de citas de escritores y filósofos que crean una suerte de mapa literario personal: Fernando Pessoa, Anne Carson, Herman Melville, Ronald Sukenick, Donald Barthelme, John Hawkes, Martin Heidegger, Ludwing Wittgenstein, William Gass o Virginia Woolf, entre otros.

La elección del mar va más allá de lo meramente paisajístico para devenir en una forma literaria en sí: cambiante, inestable, en ocasiones, impredecible. Santiago impone al lector dejarse llevar por las palabras, más allá de por aquello que estas narran. Importa ante todo la forma en la que va construyéndose, de manera minuciosa, sobre sí misma. Hay una fuerte carga simbólica en cada pasaje que confiere a la novela de unos espacios semánticos muy precisos para conforma una historia que es antes interior que exterior.

“El pensamiento al arrastre, la mente en el mar, no tiene recuerdos sino sedimentos, como los que deja el mar al retirarse; nunca desembarca sino que vara, y, de hacerlo, la marea alta siempre lo devolverá mar adentro”.

Resulta complicado, y posiblemente innecesario, precisar las líneas argumentales de El mar indemostrable. Lo relevante del trabajo de Santiago reside en el riesgo formal que expone en cada página, en el cuidado de su trabajo estilístico, en cómo usa el lenguaje para crear una mirada hacia unas emociones particulares marcadas por cada momento. La belleza de muchos pasajes se dan la mano con otros que muestran la dureza del mar; otros transmiten una mirada más amable frente a la dureza existencial de otros. Los vacíos existenciales de los personajes son rellenados, aunque sea de manera temporal, por el intento no tanto de explicarlos como de darles forma mediante unas palabras que se mueven, que se muestran tan resbaladizas como sólidas. Buscan su lugar en las páginas, como los personajes lo hacen en el mundo. Hay algo en El mar indemostrable que transmite la sensación de alcanzar cierta trascendencia de lo cotidiano, de lo mínimo; casi de lo insustancial. Importa el gesto, el leve movimiento, las miradas hacia la nada o hacia algo concreto que devuelve una imagen abisal. Santiago lleva a cabo un trabajo minucioso con cada frase, casi con cada palabra, para revelar cada instante, para mostrar su importancia, así como su banalidad. Unas vidas sumidas en un presente asfixiante y opresivo que acaban desvelando lo sublime y, a su vez, irrelevante, de todas ellas.

Autor: Israel Paredes

Tormenta | Foto: Pixabay Commons

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