Feria del Libro de La Rioja: Cómo se escribe en la periferia

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Las poetas Alicia Corominas y Silvina Chacón y la narradora Cecilia Pagani coinciden en que “lo que no se ve en Buenos Aires no se lee”.

Desde La Rioja

 La Ciudad de los Naranjos  –el título de la historia que escribió Ricardo Mercado Luna (1932-2005)– duerme la siesta. Algunos aprovechan los bancos del Paseo Cultural Castro Barros, el espacio donde se está realizando la 17° Feria del Libro de La Rioja, para dormitar un ratito. Hasta los “chocos”, popular riojanismo para llamar a los perros, descansan. Las poetas Alicia Corominas y Silvina Chacón y la narradora Cecilia Pagani son tan riojanas como la médula espinal de sus tonadas, donde la erre vibra sin perder ternura y gracia. Las tres coinciden que “lo que no se ve en Buenos Aires no se lee” y que las provincias suelen estar asociadas a una “estética regionalista devaluada”.

Antes de la escritura, Corominas (La Rioja, 1941) artista que se especializó en cerámica y cuero, vivió en Ibiza (España) entre 1965 y 1976. A los pocos días de regresar a su ciudad natal mataron al obispo Enrique Angelelli. “Casi me llevan presa porque llevaba una túnica larga y mi marido tenía el pelo largo”, recuerda la autora de los poemas Como el ave y Tres indecisas lágrimas y del monumental libro Desandando La Rioja, que le demandó 11 años de escritura. Aunque nació en San Juan en 1981, Chacón vive en La Rioja hace más de 36 años de los 38 que tiene y es docente de lengua y literatura. Un buitre en mi mesa, su primer libro de poema, surgió de un taller que hizo gracias al CFI (Consejo Federal de Inversiones) con Diana Bellessi, que consistía en corregir y revisar lo que tenía escrito. “Ahí decidí poner orden a los poemas, decidí poner el buitre en la mesa. Escribo hace mucho, pero con poco orden. Sigo escribiendo, pero no con la asiduidad que quisiera. La escritura es una necesidad que aparece cuando uno tiene algo que decir”, cuenta Chacón en la entrevista con PáginaI12. Pagani (La Rioja, 1964), profesora y licenciada en Letras, ha publicado los cuentos El cruce del umbral y la novela Cautivos.

–¿Qué es lo que caracteriza a la narrativa y a la poesía riojana escrita por mujeres? ¿Pueden inscribirse en una tradición?

Alicia Corominas: –Yo empecé a escribir sin proponérmelo, o sea que no he tenido maestros o maestras. Siempre me ha gustado la poesía, siempre he leído poesía, mucha poesía de mujeres, pero no sabría decir qué influencias puedo tener. Me interesa la problemática de la mujer actual y hay una posición de atención a lo que significa lo femenino, que considero que debe darse como algo integrador. Por ahí marcha el tema de mi poesía, que no tiene el afán de convencer a nadie. Si tengo que decir una poeta, me encanta la poesía de Carmen Agüero Vera.

Silvina Chacón: –Coincido con lo último que dice Alicia y destaco a Carmen Agüero Vera como una de las mejores poetas que tuvo La Rioja. Si uno mira hacia atrás, hay poca presencia de las mujeres. Y poetas menos… así que es difícil inscribirse; somos fundadoras (risas).

Cecilia Pagani: –En narrativa hay menos, pero la que podría nombrar es Rosa Bazán de Cámara. La literatura de Daniel Moyano ha sido gravitante, marcó una bisagra en la evolución de la literatura en la provincia.

–¿Cuesta publicar libros en La Rioja?

A.C: –Si no fuera por la ley del libro, yo no habría publicado. Uno tiene que buscar apoyos, empresas que te adelantan el dinero, pero eso implica que esas empresas van a desgravar los impuestos. O sea que la que paga es la provincia.

S.C.: –Pero uno tiene que salir a buscar a las empresas… Yo publiqué por la ley del libro con una editorial de Catamarca.

C.P.: –Yo no publiqué con la ley del libro porque me contacté con la editorial de la revista Rumbos y ellos me derivaron a la editorial Metrópolis de Buenos Aires. Uno escribe en una soledad y en un aislamiento muy grande porque estamos muy lejos; somos de los bordes, somos la periferia. Yo tengo la sensación de que nuestras provincias no se miran; lo que no se ve en Buenos Aires no se lee. Acá hay muy buenos autores y a veces las grandes editoriales publican autores que dejan mucho que desear. A las provincias se las asocia siempre con una estética regionalista que está devaluada; regional se entiende como folclórico, malo, como una sub literatura. “Es un autor regionalista, un autor de provincia”; hay mucho prejuicio.

–¿Esta es la mirada de Buenos Aires sobre las provincias o es la mirada que tienen también acá, ustedes mismos?

C.P.: –Las dos cosas. Yo creo que hay una combinación de ambas porque el canon lo determina Buenos Aires; lo que se debe leer, lo que está bien.

S.C.: –Esto tiene que ver con cuestiones de mercado: lo que está bien es lo que está en existencia, porque acá tenemos cosas que están en existencia, que no están publicadas ni miradas por la academia, la  universidad o revistas que hacen crítica; entonces si no la miran ellos, no se ven.

C.P.: –Yo mando a un concurso a México o a Perú y saco un premio y me leen. Tienen otra mirada; quizá la literatura del NOA se identifica más con una mirada latinoamericana.

–Una escritora riojana parece que conecta mejor con la narrativa peruana o mexicana que con lo que se escribe en Buenos Aires, ¿no?

C.P.: –Tal vez, aunque parezca paradójico. Yo no sé si en Buenos Aires leen a (Juan) Rulfo, pero yo creo que es ineludible. Si te gusta Moyano, te tiene que gustar Rulfo. Si uno se pone a parcializar la literatura, también lo que se publica en Buenos Aires es muy regionalista, muy urbano y porteño, y no salen del problema de la inseguridad.

S.C.:– Las categorías están hechas desde el centro y el centro no se percibe como región a sí mismo.

A.C.: –El centralismo porteño subsiste a tal punto de que La Rioja aparece como parte de la región de Cuyo o como del NOA. Pero somos NOA.

C.P.: –¿Por qué la necesidad de llegar a ser considerado en Buenos Aires? Caemos en ese centralismo; es un círculo: lo que no se lee en Buenos Aires no se lee.

A.C.: –Yo no escribo para ser famosa, yo escribo. Pero otros hacen su carrera como escritores y tienen la necesidad de llegar a un centro como Buenos Aires, donde se cocina lo que vale y no vale. En mi caso, yo no hago absolutamente nada por llegar, creo que eso solo se da. Sin embargo, tengo personas que me escriben de Buenos Aires porque alguien compró un libro aquí y lo llevó.

C.P.: –Yo me alegro enormemente cuando veo que en concursos nacionales son premiados autores de provincia. Uno escribe con una tonada, aunque no quiera.

A.C.: –La erre como la pronunciamos nosotros tiene que ver con el ambiente. Yo creo que el clima y el ambiente influyen en el lenguaje, en la forma de expresión, en la sintaxis. Negros, indios y españoles han estado en todo el país, no sé si en La Rioja han sido distintos como para determinar este tipo de pronunciación de la erre sonora.

C.P.: –Nosotros utilizamos mucho los tiempos compuestos y la correctora me lo observaba y me preguntaba por qué usamos mucho las frases verbales.

A.C.: –Yo creo que tiene que ver con el tiempo disponible; es más larga la frase y hablamos más lento, nos movemos más lento, porque no tenemos tanta prisa como ustedes (risas).

Autor: Silvina Friera

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