La Feria del Libro de Pekín sigue sin atraer al sector editorial en español

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Las editoriales de literatura en español siguen ocupando un espacio minoritario en la 25 Feria Internacional del Libro de Pekín (BIBF por sus siglas en inglés), pese al gran potencial que ofrece el mercado chino y los intentos del Gobierno para financiar las traducciones de los títulos nacionales.

En un espacio mayor al del año pasado, de 97.700 metros cuadrados y que agrupa desde hoy y hasta el domingo a 2.500 participantes de 93 países diferentes, son pocas las editoriales españolas o latinoamericanas que exhiben su catálogo al mercado chino.

«Las editoriales en español todavía no se han dado cuenta del potencial que tiene China. Si vinieran más aquí, podrían vender sus derechos para publicarlos acá, que se publiquen más autores españoles, argentinos, chilenos… y podrían comprar autores buenísimos», explica el editor argentino Guillermo Bravo.

El potencial que ofrece para el sector el país más poblado del mundo lo muestran algunas encuestas publicadas en medios oficiales, que apuntan a que en el 56 % de los chinos encuestados leyeron más de diez libros durante 2016.

Tras impulsar la librería Mil Gotas en Pekín, la primera en español en China, Bravo representa ahora en esta feria internacional a las editoriales españolas Kailas, Akal, Zorro Rojo, así como a las argentinas Adriana Hidalgo y Gourmet y la chilena Lom.
En su estante, se presentan títulos como «El silencio del agua», de José Saramago; «Oda a una estrella», de Pablo Neruda; «Fukushima mon amour», de Pablo M. Díez; «En el bosque», de Ana María Matute o «La torre herida por el rayo», de Fernando Arrabal.

Aunque cada vez los lectores chinos demandan más literatura de autores extranjeros, el Gobierno de Xi Jinping también quiere que los escritores chinos se divulguen en el exterior, en un intento de que China no solo sea una potencia internacional económica sino también cultural.

«Es como que siempre el país más poderoso y rico va a imponer su cultura a los otros», comenta. Por eso, China ha impulsado programas para financiar las traducciones de sus autores, a veces la impresión, los derechos de autor, la distribución e incluso el marketing.

Aún así, Bravo reconoce que sigue siendo «difícil» convencer a las editoriales a publicar este tipo de obras porque a los hispanohablantes les sigue costando leer autores chinos.

«Aunque (los autores chinos) son igual de buenos, siguen atrayendo más los norteamericanos o franceses», afirma.

Otra dificultad añadida es la brecha cultural que persiste, según el editor argentino. Un ejemplo, comenta, es que la obra «Dame una chica cuando cumpla 18», del chino Feng Tang, vendió en el país asiático un millón de ejemplares, pero su publicación fue rechazada por una editorial española por el modo en el que habla sobre la mujer.

La entrada al país asiático de la literatura extranjera también se topa muchas veces con la censura china, que no solo prohíbe que se publiquen autores que hablen en contra del Gobierno, sino también sobre violencia o sexo.

Esto suele crear dilemas morales a los escritores extranjeros, pero también a las editoriales, que muchas veces se autocensuran y ni siquiera intentan publicar ciertos títulos en China.

En la feria, una de las más importantes de la región, también está presente la editorial catalana Casals, la venezolana Ekaré o el Instituto Cubano del Libro.

La agente china Lei Ren, que representa por segundo año consecutivo a Casals, asegura que aunque la presencia de literatura en español es todavía minoritaria, cada vez el mercado chino está más interesado en ella.

«Su diseño es fantástico. Es muy cosmopolita y moderna. Incluso aunque no la entiendan, les gusta», asegura sobre la literatura infantil que ofrece la editorial Casals.

Aún así, en comparación con el gran despliegue de editoriales de otros países, como la británica Penguin, el idioma español sigue ocupando un puesto discreto en esta cita internacional de la literatura.

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