Una conversación inédita con Henry Moore

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Hace catorce años, un joven estudiante colombiano se tropezó en Florencia, Italia, con el más grande de los escultores de nuestro tiempo. Este es el recuerdo, confundido con la imaginación, de aquella charla.

Publicado originalmente en Revista Diners Ed. 201 de diciembre de 1986

Este cuento sucedió una tarde de 1972, cuando al terminar las clases del día salí del Instituto Estatal de Arte de Florencia, donde estudiaba Diseño, con el deseo de aprovechar las últimas horas de luz para leer un rato al aire libre.

Caminé hacia uno de los puntos altos de la ciudad en donde el aire es más libre, la “Fortezza di Belvedere”, construida a finales del 1500, con grandes terrazas elevadas y una exclusiva vista de la ciudad de los Medicis.

Algo mágico se sentía esa tarde en el fuerte; al final de las eternas escaleras de la entrada vi aparecer un guerrero en contraluz, que luchaba con su escudo y con todo su esfuerzo inmóvil contra el espacio que lo invadía por todas partes; di varias vueltas a su alrededor viendo cómo se sostenía por sí mismo y preguntándome con asombro por qué no se terminaba de caer de una vez por todas.

Henry Moore-Bogen in Hyde-Park/ Foto: Wikimedia Commons/ Shisha-Tom/ BY CC 3.0

Luego seguí adelante y me senté en una banca del jardín, desde donde se alcanzaba a ver el guerrero; abrí la estructura ausente sabiendo que ya no me podría concentrar y comencé su lectura; vigilaba de vez en cuando al guerrero que se debatía entre la luz y las sombras, y otra vez volvía a poner los ojos en el libro; de pronto se escuchó el eco de un “attentoooo” y unos “piano, piano, piano” que parecían venir de la espalda del pequeño palacio de la fortaleza.

Caminé casi corriendo hacia esa dirección y al llegar vi cómo un viejo dirigía el lento aterrizaje de una mastodóntica masa blanca que mostraba su fortaleza interior en el intento de liberarse de las gruesas ataduras que la aprisionaban; apenas la forma tocó tierra el viejo descansó. Yo también y, estoy seguro que ella, la figura, también; él se arregló un poco las canas, sonrió en inglés y escuchó complaciente los cuatro o cinco aplausos que se me salieron de las manos.

Double Oval (1968-70) por Henry Moore/ Wikimedia Commons/ Jynto / BY CC 3.0

Mientras varios señores de delantal blanco apretaban a una gran madre con su hijo para bajarla del camión, conversé con el inglés (creo que ambos habíamos adquirido ya la costumbre, muy italiana por cierto, de hablar amigablemente con extraños), no recuerdo bien si en italiano o en inglés.

Tampoco puedo recordar con claridad, a pesar de mi esfuerzo mental, todo lo que conversamos. La verdad es que yo no tenía ni idea de con quién estaba hablando; además han pasado ya los años… y al enterarme, una semana después, de quién era el viejo escultor del pueblito minero de Yorkshire, leí algunas de sus declaraciones, analicé comentarios críticos, estudié un par de libros de su obra y toda la información que recibí no ha hecho otra cosa que confundirse en mi imaginación con lo poco que conversé.

-Son bellas estas esculturas, ¿de quién son?

-Mías ¿Eres estudiante?

-Sí, estudio Diseño en el Instituto, el de “Porta Romana”.

-Entonces puedes ampliarme un poco tu idea de “son bellas estas esculturas”.

-Sí…, claro…, encuentro en ellas sensibilidad hacia el volumen, hay juego entre el espacio vacío, que nosotros en diseño llamamos aire, y el espacio lleno…

-Usted no es italiano, ¿verdad?

-Soy suramericano… colombiano.

-Admiro ese esplendor macizo que tienen las estatuas de San Agustín; la vitalidad que busco en mis figuras es una manifestación directa de las profundas creencias, las eternas esperanzas y los infinitos temores del hombre primitivo.

-En estas esculturas hay poco movimiento, ¡pero parecen vivas!

-Siempre he creído que la escultura debe ser estática, quieta.

-Es impresionante cómo se adaptan al espacio abierto.

-Sí, se requiere una sutil colaboración con la naturaleza.

-Se ve que usted siente un profundo respeto por los materiales.

-Siento la piedra como parte de la tierra, la tierra de la que nacen las formas que están inmersas en la materia.


Yorkshire Sculpture Park de Henry Moore/ Wikimedia Commons/ Vradosti/ CC BY 2.0


-¿Utiliza otros materiales?

-Madera, mármol, metal… cualquier material que contenga energía interna… y lo tallo hasta que se anima en la forma.

-¿A qué se parecen sus esculturas en piedra?

-Honestamente, una escultura en piedra debe parecer piedra.

-¿Pero qué idea contienen?

-Principalmente la de la “Figura recostada” y la de “Madre e hijo” que han sido mi obsesión profunda.

-Definitivamente es agradable poderlas apreciar por todos lados.

-Las formas que las componen están completamente realizadas y obran como masas en oposición.

-¿Qué tipo de escultura es la que siente más?

-La que es asimétrica, orgánica, estática, fuerte y vital… la que tiene vida en sí misma, independientemente del objeto que representa.

-¿Le agradan las curvas, no?

-El significado de la forma probablemente depende de las innumerables asociaciones en la historia del hombre, por ejemplo las formas circulares expresan la idea de fecundidad, de madurez, porque la tierra es redonda y los senos de las mujeres y muchos frutos también son redondos.

-¿Cómo se llaman sus obras?

-Sencillamente Talla, Escultura, Forma, Figura y también Madre e Hijo.

-¿Qué es fundamental en su escultura?

-Honestidad con el material, completa realización tridimensional, observación de los objetos naturales, visión, vitalidad, poder de expresión…

-Puedo afirmar que a usted le gusta la asimetría…

-Las formas orgánicas, aunque pueden ser simétricas en su disposición fundamental, pierden su perfecta simetría con el crecimiento, la gravedad y el contacto con el ambiente.

-Es agradable ver a través de algunas figuras (Los jardines del fuerte se estaban llenando de ellas).

-El primer hueco que se hace en un bloque de piedra es una revelación, el vacío conecta una cara con la otra, lo transforma inmediatamente en un objeto más representativo de las tres dimensiones.

-¿Entonces un vacío puede tener más sentido formal que una masa sólida?

-Claro, la perforación usurpa el cuerpo sólido, ¡lo devora!

-¿Todo esto qué es, abstracto? ¿Surrealista?

-Una buena obra de arte contiene al mismo tiempo elementos abstractos y surrealistas, así como contiene elementos clásicos y románticos, orden y sorpresa, intelecto e imaginación, consciente e inconsciente.

-¿Cómo concibe usted el arte?

-Como la posibilidad de una nueva penetración en la realidad y como un estímulo a la vida.

-¡Me interesa especialmente el proceso creativo!

-No importa mucho cómo se empieza. En el proceso del trabajo lo asaltan a uno pensamientos, impulsos síquicos, iluminaciones imprevistas y poco a poco comienza a aclararse una idea concreta que se cristaliza en cierto momento, y es ahí donde el control y el orden empiezan a intervenir. En el proceso se clarifican impulsos íntimos y la profunda participación en los problemas de la vida y de la sociedad humana contemporánea.

-Antes de que se vaya regáleme un secreto para aplicarlo si algún día hago yo una escultura.

-Trabaja del interior hacia el exterior!

-Gracias, muchas gracias, señor…

-Henry.

Al terminar el día siguiente regresé a la fortaleza con mi cámara y tomé algunas fotos de las figuras solitarias; casi nadie se había enterado de que se encontraban allí.

Una semana después los periódicos florentinos anunciaron con bombos y platillos la inauguración de una espectacular exposición para conmemorar los cincuenta años del trabajo escultórico de Henry Moore.

Honestamente, ¡siento que nosotros ya la habíamos inaugurado!

Autor: Claudia Arango

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