Nos dejaron en 2020

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José Luis Cuerda, Quino, Morricone, Marsé, Aute, Rosa María Sardá, Le Carré… Al final de este año digno de olvidar, rendimos homenaje a las personalidades de la cultura que fallecieron en estos doce meses y a las que siempre recordaremos por su contribución a las artes y las letras.

Este 2020 eterno afortunadamente llega a su fin y, como cada año, echamos la vista atrás para recordar una vez más a las personalidades de la cultura, españolas e internacionales, que nos dejaron este año. José Luis Cuerda, Sean Connery, Quino, Ennio Morricone, Juan Marsé, Rosa María Sardá, Javier Reverte, Juan Genovés, Luis Eduardo Aute, Pau Donés, John Le Carré… Son muchos los creadores a quienes echaremos de menos. Algunos cambiaron para siempre sus disciplinas, otros se convertirán en leyenda por su marcha prematura. Algunos, de talla mundial; otros, personajes importantes de la cultura española. Desde aquí queremos recordar a buena parte de ellos —desafortunadamente, no caben todos— y rendir homenaje a la impronta que han dejado en las letras y las artes.

El 7 de enero murió en Nueva York la escritora y periodista Elizabeth Wurtzel, de 52 años, a causa de un cáncer de mama. La autora estadounidense se dio a conocer en 1994 con su novela autobiográfica Nación Prozac, un relato confesional que abrió el debate sobre la depresión y su tratamiento y que fue llevado al cine. El actor y director galés Terry Jones, miembro del famoso grupo cómico británico Monty Python, murió a los 77 años de edad el 21 de enero tras una larga batalla contra la demencia. Jones fue el director de los dos grandes éxitos cinematográficos de Monty Python, La vida de Brian (1979) y Los caballeros de la mesa cuadrada (1974), y también dirigió la última película conjunta del grupo, El sentido de la vida (1983).

En enero fallecieron también Antonio Franco, director e impulsor del Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo, y el filólogo Alberto Blecua, especialista en el Siglo de Oro. El cervantista, catedrático emérito de Literatura Española de la Universidad Autónoma de Barcelona, era uno de los máximos referentes en crítica textual y hermano de José Manuel Blecua, exdirector de la RAE.

A comienzos de febrero dijimos adiós a varios pesos pesados de la cultura española e internacional. El día 3 murió el filósofo, escritor y crítico literario francés George Steiner, uno de los intelectuales más destacados del siglo XX. Ganador del Premio Príncipe de Asturias en 2001, falleció en su casa de Cambridge a los 90 años. Un día después se apagó el ingenio del cineasta José Luis Cuerda, una pérdida que conmocionó al mundo de la cultura española y especialmente a los amanecistas, esa legión de admiradores de su humor surrealista, cuya cumbre fue la película Amanece, que no es poco. El cineasta albaceteño falleció a los 72 años en un hospital de Madrid a causa de una embolia. Hacía solo dos años que había estrenado su última comedia, la disparatada distopía Tiempo después.

El 5 de febrero murió a los 103 años de edad Kirk Douglas, uno de los últimos supervivientes del Hollywood dorado. El actor protagonizó películas míticas como Espartaco, Senderos de Gloria, El gran carnaval o Cautivos del mal y perteneció a una estirpe de estrellas que no se plegó al sistema de estudios y consiguió dirigir su propia carrera. La noticia la confirmó su hijo, el también actor Michael Douglas. El 8 de febrero falleció a los 91 años el escritor barcelonés Carlos Rojas, uno de los mayores novelistas de la posguerra española. Autor de más de 20 novelas y ganador de importantes premios como el Nacional de Literatura, el Planeta y el Nadal, murió en Estados Unidos, país en el que residía desde 1957.

El 9 de febrero tuvimos que lamentar la muerte de David Gistau, uno de los grandes del columnismo en nuestro país. El periodista y escritor falleció demasiado joven, a los 49 años, tras haber sufrido dos meses antes una grave lesión cerebral mientras hacía ejercicio en el gimnasio madrileño donde acudía con regularidad. Juan Eduardo Zúñiga, autor de La trilogía de la Guerra Civil y Flores de plomo, ganador del Premio Nacional de las Letras Españolas en 2016, murió el 24 de febrero, un mes después de cumplir 101 años. El mismo día, y a los 100 años de edad, murió el científico y filósofo Mario Bunge, uno de los más grandes pensadores en lengua española. El pensador argentino fue Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 1982.

En febrero nos dejaron también la dibujante francesa Claire Bretécher, símbolo del cómic satírico y feminista; el mecenas Plácido Arango, miembro del patronato del Museo del Prado, al que donó importantes piezas de Goya y Zurbarán; el historiador Pedro Tedde de Lorca, miembro de la Real Academia de la Historia y crítico de El Cultural; la pintora María Moreno, exponente del realismo y esposa de Antonio López; y el periodista Jean Daniel, fundador de Le Nouvel Observateur.

Marzo madrugó para darnos el día 1 la mala noticia de la muerte de Ernesto Cardenal. El gran poeta y sacerdote nicarangüense, que tenía 95 años, combatió las injusticias con la pluma pero también fue un hombre de acción. Adscrito a la Teología de la Liberación, formó parte de la revolución sandinista y fue ministro de Cultura de su país tras el derrocamiento de Somoza. Su faceta revolucionaria le costó la suspensión de su sacerdocio por parte de Juan Pablo II, decisión revocada en 2019 por el papa Francisco. En 2012 ganó el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana.

El 8 de marzo murió el escritor Luis Racionero a los 80 años. Autor de más de 40 novelas y ensayos, fue director de la Biblioteca Nacional entre 2001 y 2004. Entre sus ensayos destacan títulos como Del paro al ocio, Premio Anagrama de Ensayo en 1983; plasmó sus recuerdos en Memorias de un liberal psicodélico y escribió varias novelas históricas dedicadas a creadores y pensadores como Leonardo da Vinci, Ramon Llull o Antoni Gaudí. Un día después murió en Valladolid a los 89 años el escritor y periodista José Jiménez Lozano, premio Cervantes 2002. Autor de un centenar de obras, cultivó los géneros de la novela, el cuento, el ensayo, la poesía y el diario y fue galardonado también con el Nacional de las Letras.

El 17 de marzo murió en Moscú, a los 77 años, el prolífico y polémico escritor ruso Eduard Limónov, conocido también por su destacado papel como disidente político. Fue uno de los personajes más extravagantes, novelescos y escandalosos que han dado las letras rusas de las últimas décadas, y protagonizó una biografía escrita por Emmanuel Carrère que ganó el Premio Renaudot en 2011. El 29 de marzo nos dejó el compositor polaco Krzysztof Penderecki, una de las grandes figuras musicales del siglo XX, que caminó de la vanguardia hasta la tradición y fue distinguido con el Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 2001.

La actriz Lucía Bosé fue una de las primeras figuras conocidas de la cultura española víctimas del coronavirus. Murió el 23 de marzo a los 89 años. Protagonista de Muerte de un ciclista, la actriz italiana trabajó con grandes como Buñuel y Antonioni y era madre de toda una estirpe de artistas. También murió a causa del Covid-19, unos días antes, el arquitecto italiano Vittorio Gregotti, coautor del anillo olímpico de Barcelona.

El 24 de marzo murió, debido a una crisis cardiaca, el célebre dibujante de cómic Albert Uderzo, creador de Astérix, una de las series más exitosas del cómic francés, que ideó junto al guionista René Goscinny. En el mes de marzo fallecieron también el artista, performer y fotógrafo Ulay, expareja de Marina Abramovic; y el actor Max von Sydow, con una filmografía de más de 130 títulos entre los que destacan sus colaboraciones con Bergman y su papel en El exorcista.

José Luis Cuerda, Luis Eduardo Aute y Juan Genovés
José Luis Cuerda, Luis Eduardo Aute y Juan Genovés

El 4 de abril dijimos adiós a Luis Eduardo Aute. Referente durante décadas de la canción de autor española, el también poeta y pintor falleció en Madrid a los 76 años, por las secuelas de un infarto cerebral sufrido en 2016 que le tuvo dos meses en coma y, desde entonces, retirado de los escenarios. Con una veintena de discos publicados, fue una figura esencial en la lucha antifranquista y en la cultura desarrollada durante la Transición. El 16 de abril, el coronavirus segó la vida de Luis Sepúlveda. El escritor chileno afincado en Asturias, fue el primer caso de Covid-19 detectado en el principado, y pasó un mes y medio hospitalizado antes de fallecer. La literatura de viajes fue una de las grandes pasiones del autor, que fue un aventurero enrolado en causas políticas y medioambientales durante casi toda su vida. El 12 de abril murió también a causa del coronavirus, a los 96 años, Carlos Seco Serrano, decano de los historiadores españoles y reconocido como uno de nuestros grandes expertos en Historia Contemporánea.

El 14 de abril murió Antonio Ferres, miembro de la Generación de los 50 y uno de esos escritores emblemáticos del realismo social injustamente olvidados. El día 22 dijimos adiós a Marcos Mundstock, humorista, locutor y uno de los últimos miembros originales del legendario conjunto argentino Les Luthiers, que ganó el Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2017.

En abril tuvimos que despedirnos también de Florian Schneider, cofundador de Kraftwerk y uno de los grandes pioneros de la música electrónica; del cantautor y roquero donostiarra Rafael Berrio; del cantante de soul Bill Withers, autor de la maravillosa Ain’t No Sunshine; de la estrella del country John Prine; del saxofonista Lee Konitz, leyenda del jazz y colaborador de Miles Davis; del escritor sueco Per Olov Enquist, uno de los más importantes de su país y autor de La noche de las tríbadas; del historiador del arte y comisario Germano Celant, padre teórico del arte povera; y de Maj Sjöwall, pionera de la novela negra nórdica, antecesora de Henning Mankell y Stieg Larsson.

Little Richard, uno de los padres del rock and roll, murió el 9 de mayo a los 87 años de edad en Tullahoma (Tennessee, EE. UU.), debido a un cáncer de huesos. Su célebre Tutti Frutti, éxito de 1955, será recordada siempre, pero su influencia fue más allá y marcó a numerosos artistas de generaciones posteriores, como Bob Dylan, The Beatles, James Brown o Prince.

El 15 de mayo murió uno de los grandes nombres de la pintura en España: Juan Genovés, autor del emblemático El abrazo, símbolo de la Transición, y de sus características multitudes pintadas a vista de pájaro, falleció a pocos días de cumplir 90 años. El artista seguía en activo preparando la que debía ser su próxima exposición. El 22 de mayo nos dejó el historiador del arte Antonio Bonet Correa. Fue director de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y miembro del patronato del Museo del Prado. Además era el padre del también historiador del arte y poeta Juan Manuel Bonet.

El día 26 del mismo mes falleció el historiador Miguel Artola. Autor de Los orígenes de la España contemporánea, fue Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales y Nacional de Historia de España, así como miembro de la Real Academia de la Historia. En mayo fallecieron también el actor francés Michel Piccoli, icono del cine francés que trabajó para Buñuel, Hitchcock o Godard; y Christo, el artista búlgaro que envolvió el mundo con sus gigantescas instalaciones en espacios públicos y parajes naturales.

Una de las muertes que más ha conmocionado a la opinión pública española este 2020 fue la de Pau Donés. El carismático cantante de Jarabe de Palo padecía cáncer desde 2015 y encaró la batalla públicamente con una actitud positiva hasta el final, y publicó su último disco unos días antes de fallecer el 9 de junio a los 53 años. Dos días después dijimos adiós a Rosa María Sardá. La actriz de 78 años, dotada especialmente para la comedia, ganó dos premios Goya y tuvo una amplia trayectoria en la que probó todas las facetas de la profesión.

El 19 de junio murió en Los Ángeles el escritor Carlos Ruiz Zafón. El autor de La sombra del viento, el libro español más difundido internacionalmente tras el Quijote con más de 15 millones de ejemplares vendidos, falleció a los 55 años víctima de un cáncer. Y el 24 de ese mes murió a los 88 años el crítico literario y humanista francés Marc Fumaroli, miembro de la Academia Francesa y una de las mayores figuras de la cultura europea.

El 6 de julio murió el compositor italiano Ennio Morricone, uno de los más famosos y dotados de la historia del cine. Firmó la banda sonora de más de quinientas películas, entre ellas las de El bueno, el feo y el malo, Érase una vez en América, Cinema Paradiso o Los odiosos 8. Un mes antes de morir, se le concedió el Premio Princesa de Asturias de las Artes junto al compositor John Williams. El 15 de julio falleció la actriz Victoria Rodríguez, toda una institución en el mundo del teatro. La intérprete, de 88 años, era además la viuda de Buero Vallejo.

Juan Marsé, uno de los novelistas españoles más importantes de la segunda mitad del siglo XX, nos dejó el 18 de julio. Vinculado a la llamada Generación de los 50, el autor de novelas como Últimas tardes con Teresa, Si te dicen que caí y Rabos de lagartija y Premio Cervantes 2008, murió a los 87 años tras una larga enfermedad. El día 21 murió a los 98 años el académico, filólogo y helenista Francisco Rodríguez Adrados, un humanista transversal que fue miembro de la RAE durante más de tres décadas y Premio Nacional de las Letras.

El 25 de julio falleció a los 103 años la actriz Olivia de Havilland, ganadora de dos Óscar y célebre por su papel en Lo que el viento se llevó. El último día del mes murió el cineasta británico Alan Parker, director de Fama y El expreso de medianoche.

Manuel Arroyo-Stephens, fundador de la editorial Turner, murió el 16 de agosto. En 1970 abrió en Madrid la primera librería especializada en otras lenguas y se hizo editor para poder leer lo que nadie más se atrevía a editar en aquella época. El 20 de agosto falleció Manuel Gallardo, uno de los galanes habituales del teatro español de los 70, conocido también por su participación en la serie Verano azul.

El 28 de agosto murió Joe Ruby, el creador de Scooby-Doo. Guionista de televisión, productor y animador de personajes, Ruby era toda una institución en el mundo de los dibujos animados estadounidense. En agosto murió también, con tan solo 45 años, el bailaor y coreógrafo cordobés José Barrios, autor de obras como Por si acaso amanece, Reditum o Clásico, cuya carrera estuvo ligada a la de figuras como María Pagés, Rafael Amargo o Blanca del Rey.

El cineasta checo Jirí Menzel, director de películas como Trenes rigurosamente vigilados muy centradas en el choque entre la libertad personal y la opresión de los estados totalitarios, murió en su casa de Praga el 5 de septiembre. Su nombre se halla inevitablemente ligado al conocido como Nuevo Cine Checo de la década de los 60, una corriente cinematográfica que alineó a creadores como Milos Forman, Vera Chytilova o Ivan Passer.

El 11 de septiembre el mundo del hip hop lloró la muerte del DJ y productor Jota Mayúscula, pionero y gran divulgador del rap en España, fundador del Club de los Poetas Violentos y compositor de bases musicales sobre las que han rimado los mejores raperos de nuestro país. Juliette Gréco, icono de la canción francesa con una carrera de 70 años, murió a los 93 años el 23 de septiembre. Apodada “la musa de los existencialistas”, fue amiga de Boris Vian, Raymond Queneau y Jean-Paul Sartre.

Quino, Rosa María Sardá y Sean Connery
Quino, Rosa María Sardá y Sean Connery

El 30 de septiembre quedó huérfana Mafalda. Su creador, Quino, que conquistó el corazón de millones de lectores con su célebre personaje y que en 2014 recibió el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, murió a los 88 años de edad en Mendoza (Argentina), su ciudad natal.

La leyenda de la guitarra eléctrica Eddie Van Halen murió el 6 de octubre a causa de un cáncer de garganta. El músico nacido en Ámsterdam y californiano de adopción, fue un icono del hard rock al frente de la banda que llevaba su apellido y el de su hermano Alex, y compuso e interpretó algunos de los solos de guitarra más espectaculares de la historia.

El 9 de octubre murió en Burdeos el hispanista Joseph Pérez a los 89 años. El historiador francés de padres españoles estaba especializado en la historia de España de los siglos XVI y XVII y fue galardonado con el Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales en 2014. Su trabajo revolucionó la comprensión de la historia de Occidente y la independencia de Hispanoamérica.

El galerista de arte Joan Gaspar murió en Barcelona el 15 de octubre. Miembro de una saga familiar dedicada a la profesión, fue amigo de Picasso y era miembro del patronato del museo dedicado al artista en la ciudad. Solo unos días después, el 19, murió otra figura destacada de la cultura catalana: Federico Correa, arquitecto clave de la Barcelona moderna y olímpica. Fallecido a los 96 años, dejó su huella en la remodelación del Anillo Olímpico, en algunos de los restaurantes más glamurosos de los años 60 y 70 y en sus viviendas de costa que aunaban modernidad y tradición mediterránea. También en la provincia de Barcelona residía el cantaor y compositor valenciano Parrita, figura clave de la rumba y la balada gitana, que murió en un hospital de Tarrasa el 26 de octubre debido a un derrame cerebral. El músico, de 61 años, dejó su huella en artistas actuales y es una reconocida influencia de la exitosa Rosalía.

El 31 de octubre murió en su Madrid natal Javier Reverte, decano de los escritores viajeros de nuestro país. Del África profunda al Amazonas, del Trastévere romano a los secretos de Ulises o los misterios de Nueva York, ese aventurero infatigable que fue Reverte demostró siempre hasta qué punto creía que el único camino que valía la pena era siempre el más largo. El mismo día murió en las Bahamas, a los 90 años, el actor Sean Connery, una de las últimas grandes estrellas del cine del siglo XX. Connery, encarnación perfecta del arquetipo del “hombre hecho a sí mismo”, venció una infancia marcada por la pobreza y llegó al mundo del cine por casualidad. Despuntó gracias a sus papeles como James Bond, pero después confirmó su valía para toda clase de papeles en una larga y respetada carrera interpretativa.

Noviembre comenzó con el adiós de Pedro Iturralde, gigante del jazz español. El saxofonista y clarinetista, pionero del género en nuestro país, artífice de su unión con el folclore español y en activo hasta el final, falleció el día 1 a los 91 años. El día 10 murió el filósofo Enrique Lynch a los 72 años. Ensayista, editor y profesor, orientó buena parte de su pensamiento al terreno en el que la filosofía se une con la literatura.

El 1 de diciembre, Portugal despidió al filósofo Eduardo Lourenço, uno de sus mayores intelectuales. El pensador, que dedicó casi toda su vida a reflexionar sobre su país, murió en Lisboa a los 97 años de edad. El 9 de diciembre falleció el periodista cultural Marino Gómez-Santos, el biógrafo de la Generación del 98. Autor de famosas biografías de Clarín, Baroja, Gregorio Marañón, Severo Ochoa o González-Ruano, tenía 89 años y acababa de publicar su último libro, César González-Ruano en blanco y negro.

El 11 de diciembre murió, a punto de cumplir 60 años, Kim Ki-duk, uno de los cineastas surcoreanos de mayor prestigio internacional. El autor de Primavera, verano, otoño, invierno… y primavera y Hierro 3 falleció en Letonia por complicaciones derivadas del Covid-19.

John le Carré, maestro de la novela de espías, murió un día más tarde. Autor de obras esenciales como El espía que surgió del frío o El topo, que han sido adaptadas al cine, el escritor británico falleció en Cornualles a los 89 años por las complicaciones derivadas de una neumonía.

El pasado 26 de diciembre murió a los 93 años el académico y crítico literario Gregorio Salvador, eminencia mundial en lexicografía e incansable defensor de nuestro idioma. Finalmente, este aciago 2020 se termina no sin antes arrebatarnos al rey mexicano del bolero Armando Manzanero, creador de canciones inmortales como Somos novios y Contigo aprendí, y al diseñador Pierre Cardin, pionero del prêt-à-porter y uno de los grandes renovadores de la alta costura francesa, que ha fallecido a los 98 años en un hospital a las afueras de París.

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